TeogonÃa
TeogonÃa Y en efecto, los reyes prudentes en el ágora, hacen que se devuelva a sus pueblos todos los bienes que se les ha arrebatado; y lo hacen fácilmente, con ayuda de persuasivas palabras. Y si uno de ellos anda por la ciudad, como un Dios, aplaca con su dulce majestad y brilla en medio de la muchedumbre. Tal es el don sagrado de las Musas a los hombres.
Es a las Musas, es al Arquero Apolo a quienes se deben en la tierra las aedas y los citaristas; pero los reyes vienen de Zeus. ¡Y es dichoso aquel a quien aman las Musas! De su boca fluyen una voz dulce. Si se entristece alguien, gimiendo en su corazón, con el alma herida por un dolor reciente, en cuanto un aeda criado por las Musas celebre la gloria de los hombres antiguos y loe a los Dioses dichosos que habitan el Olimpo, ese alguien olvidará sus males y no se acordará más de sus dolores, pues los dones de las Diosas le habrán curado.
¡Salve, hijas de Zeus! ¡Dadme vuestro canto que entusiasma! Celebrad a la raza sagrada de los Inmortales que siempre viven y nacieron de Gea y de Urano el del manto estrellado, y de los tenebrosa Nix, Dioses a quienes alimentaron las saladas olas del Ponto.
