La IlÃada
La IlÃada 183 Para tranquilizarlo, respondió el rubio Menelao:
184 —Ten ánimo y no espantes a los aqueos. La aguda flecha no se me ha clavado en sitio mortal, pues me protegió por fuera el labrado cinturón y por dentro la faja y la chapa que forjaron obreros broncistas.
188 Contestóle el rey Agamenón, diciendo:
189 —¡Ojalá sea asÃ, querido Menelao! Un médico reconocerá la herida y le aplicará drogas que calmen los terribles dolores.
192 Dijo, y enseguida dio esta orden al divino heraldo Taltibio:
193 —¡Taltibio! Llama pronto a Macaón, el hijo del insigne médico Asclepio, para que reconozca al aguerrido Menelao, hijo de Atreo, a quien ha flechado un hábil arquero troyano o licio; gloria para él y llanto para nosotros.
198 Asà dijo, y el heraldo al oÃrlo no desobedeció. Fuese por entre los aqueos, de broncÃneas corazas, buscó con la vista al héroe Macaón y lo halló en medio de las fuertes filas de hombres escudados que lo habÃan seguido desde Trica, criadora de caballos. Y, deteniéndose cerca de él, le dirigió estas aladas palabras: