La IlÃada
La IlÃada 509 —¡Acometed, troyanos domadores de caballos! No cedáis en la batalla a los argivos, porque sus cuerpos no son de piedra ni de hierro para que puedan resistir, si los herÃs, el tajante bronce; ni pelea Aquiles, hijo de Tetis, la de hermosa cabellera, que se quedó en las naves y allà rumia la dolorosa cólera.
514 Asà dijo el terrible dios desde la ciudadela. A su vez, la hija de Zeus, la gloriosÃsima Tritogenia, recorrÃa el ejército aqueo y animaba a los remisos.
517 Fue entonces cuando el hado echó los lazos de la muerte a Diores Amarincida. Herido en el tobillo derecho por puntiaguda piedra que le tiró PÃroo Imbrásida, caudillo de los tracios, que habÃa llegado de Eno —la insolente piedra rompióle ambos tendones y el hueso—, cayó de espaldas en el polvo, y expirante tendÃa los brazos a sus camaradas cuando el mismo PÃroo, que lo habÃa herido, acudió presuroso e hiriólo nuevamente con la lanza junto al ombligo; derramáronse los intestinos y las tinieblas velaron los ojos del guerrero.