La IlÃada
La IlÃada 477 Asà diciendo, partió y siguióle Ayante, varón igual a un dios. Pronto dieron con Ulises, caro a Zeus, a quien los troyanos acometÃan por todos lados como los rojizos chacales circundan en el monte a un cornÃgero ciervo herido por la flecha que un hombre le disparó con el arco —sálvase el ciervo, merced a sus pies, y huye en tanto que la sangre está caliente y las rodillas ágiles; póstralo luego la veloz saeta, y, cuando carnÃvoros chacales lo despedazan en la espesura de un monte, trae la fortuna un voraz león que, dispersando a los chacales, devora a aquél—; asà entonces muchos y robustos troyanos arremetÃan al aguerrido y sagaz Ulises; y el héroe, blandiendo la pica, apartaba de sà la cruel muerte. Pero llegó Ayante con su escudo como una torre, se puso al lado de Ulises y los troyanos se espantaron y huyeron a la desbandada. Y el marcial Menelao, asiendo de la mano al héroe, sacólo de la turba mientras el escudero acercaba el carro.