La IlÃada
La IlÃada 164 —¡Padre Zeus! Muy falaz te has vuelto, pues yo no esperaba que los héroes aqueos opusieran resistencia a nuestro valor e invictas manos. Como las abejas o las flexibles avispas que han anidado en fragoso camino y no abandonan su hueca morada al acercarse los cazadores, sino que luchan por los hijuelos, asà aquéllos, con ser dos solamente, no quieren retirarse de las puertas mientras no perezcan, o la libertad no pierdan.
173 Asà dijo; pero sus palabras no cambiaron la mente de Zeus, que deseaba conceder cal gloria a Héctor.
175 Otros peleaban delante de otras puertas, y me serÃa difÃcil, no siendo un dios, contarlo todo. Por doquiera ardÃa el combate al pie del lapÃdeo muro; los argivos, aunque llenos de angustia, veÃanse obligados a defender las naves; y estaban apesarados todos los dioses que en la guerra protegÃan a los dánaos. Entonces fue cuando los lapitas empezaron el combate y la refriega.