La Ilíada
La Ilíada 643 Entonces le salió al encuentro Harpalión, hijo del rey Pilémenes, que fue a Troya con su padre a combatir y no había de volver a la patria tierra: el troyano dio un bote de lanza en medio del escudo del Atrida, pero no pudo atravesar el bronce y retrocedió hacia el grupo de sus amigos para evitar la muerte, mirando a todos lados, no fuera alguien a herirlo con el bronce. Mientras él se iba, Meriones le asestó el arco, y la broncínea saeta se hundió en la nalga derecha del troyano, atravesó la vejiga por debajo del hueso y salió al otro lado. Y Harpalión, cayendo allí en brazos de sus amigos, dio el alma y quedó tendido en el suelo como un gusano; de su cuerpo fluía negra sangre que mojaba la tierra. Pusiéronse a su alrededor los magnánimos paflagones, y, colocando el cadáver en un carro, lleváronlo, afligidos, a la sagrada Ilio; el padre iba con ellos derramando lágrimas, y ninguna venganza pudo tomar de aquella muerte.