La IlÃada
La IlÃada 277 Asà dijo. No desobedeció Hera, la diosa de los nÃveos brazos, y juró, como se le pedÃa, nombrando a todos los dioses subtartáreos, llamados Titanes. Prestado el juramento, partieron ocultos en una nube, dejaron atrás a Lemnos y la ciudad de Imbros, y siguiendo con rapidez el camino llegaron a Lecto, en el Ida, abundante en manantiales y criador de fieras; allà pasaron del mar a tierra firme, y anduvieron haciendo estremecer debajo de sus pies la cima de los árboles de la selva. Detúvose el Sueño antes que los ojos de Zeus pudieran verlo, y, encaramándose en un abeto altÃsimo que habÃa nacido en el Ida y por el aire llegaba al éter, se ocultó entre las ramas como la montaraz ave canora llamada por los dioses calcis y por los hombres cymindis.
292 Hera subió ligera al Gárgaro, la cumbre más alta del Ida; Zeus, que amontona las nubes, la vio venir; y apenas la distinguió, enseñoreóse de su prudente espÃritu el mismo deseo que, cuando gozaron las primicias del amor, acostándose a escondidas de sus padres. Y asà que la tuvo delante, le habló diciendo:
298 —¡Hera! ¿Adónde vas, que tan presurosa vienes del Olimpo, sin los caballos y el carro que podrÃan conducirte?
300 Respondióle dolosamente la venerable Hera: