La IlÃada
La IlÃada 36 —Sean testigos la Tierra y el anchuroso Cielo y el agua de la Éstige, de subterránea corriente —que es el juramento mayor y más terrible para los bienaventurados dioses—, y tu cabeza sagrada y nuestro tálamo nupcial, por el que nunca jurarÃa en vano: No es por mi consejo que Poseidón, el que sacude la tierra, daña a los troyanos y a Héctor y auxilia a los otros; quizás su mismo ánimo le incita e impele, y ha debido compadecerse de los aqueos al ver que son derrotados junto a las naves. Mas yo aconsejarÃa a Poseidón que fuera por donde tú, el de las sombrÃas nubes, le mandaras.
47 Asà dijo. Sonrióse el padre de los hombres y de los dioses, y le respondió con estas aladas palabras: