La IlÃada
La IlÃada 190 —¡Ilustre! No es digno de ti temblar como un cobarde. Detente y haz que los demás se detengan también. Aún no conoces claramente la intención del Atrida: ahora nos prueba, y pronto castigará a los aqueos. En el consejo no todos comprendimos lo que dijo. No sea que, irritándose, maltrate a los aqueos; la cólera de los reyes, alumnos de Zeus, es terrible, porque su dignidad procede del próvido Zeus y éste los ama.
198 Cuando encontraba a un hombre del pueblo gritando, dábale con el cetro y lo increpaba de esta manera:
200 —¡Desdichado! Estáte quieto y escucha a los que te aventajan en bravura; tú, débil e inepto para la guerra, no eres estimado ni en el combate ni en el consejo. Aquà no todos los aqueos podemos ser reyes; no es un bien la soberanÃa de muchos; uno solo sea prÃncipe, uno solo rey: aquél a quien el hijo del artero Crono ha dado cetro y leyes para que reine sobre nosotros.
207 —Asà Ulises, actuando como supremo jefe, imponÃa su voluntad al ejército; y ellos se apresuraban a volver de las tiendas y naves al ágora, con gran vocerÃo, como cuando el oleaje del estruendoso mar brama en la playa anchurosa y el ponto resuena.