La IlÃada
La IlÃada 233 Asà dijo. Todos arremetieron con las picas levantadas y cargaron sobre los dánaos, pues tenÃan grandes esperanzas de arrancar el cuerpo de Patroclo de las manos de Ayante TelamonÃada. ¡Insensatos! Sobre el mismo cadáver, Ayante hizo perecer a muchos de ellos. Y este héroe dijo entonces a Menelao, valiente en la pelea:
238 —¡Oh amigo, oh Menelao, alumno de Zeus! Ya no espero que salgamos con vida de esta batalla. Ni temo tanto por el cadáver de Patroclo, que pronto saciará en Troya a los perros y aves de rapiña, cuanto por tu cabeza y por la mÃa; pues el nublado de la guerra, Héctor, todo lo cubre, y a nosotros nos espera una muerte cruel. Ea, llama a los más valientes dánaos, por si alguno te oye.
246 Asà dijo. Menelao, valiente en la pelea, no desobedeció; y, alzando recio la voz, dijo a los dánaos:
248 —¡Oh amigos, capitanes y prÃncipes de los argivos, los que bebéis en la tienda de los Atridas Agamenón y Menelao el vino que el pueblo paga, mandáis las tropas y os viene de Zeus el honor y la gloria! Me es difÃcil ver a cada uno de los caudillos. ¡Tan grande es el combate que aquà se ha empeñado! Pero acercaos vosotros, indignándoos en vuestro corazón de que Patroclo llegue a ser juguete de los perros troyanos.