La IlÃada
La IlÃada 333 Asà dijo. Eneas, como viera delante de sà a Apolo, el que hiere de lejos, le reconoció, y a grandes voces dijo a Héctor:
335 —¡Héctor y demás caudillos de los troyanos y sus aliados! Es una vergüenza que entremos en Ilio, acosados por los belicosos aqueos y vencidos por nuestra cobardÃa. Una deidad ha venido a decirme que Zeus, el árbitro supremo, será aún nuestro auxiliar en la batalla. Marchemos, pues, en derechura a los dánaos, para que no se lleven tranquilamente a las naves el cadáver de Patroclo.