La IlÃada
La IlÃada 462 Contestóle el ilustre cojo de ambos pies:
463 —Cobra ánimo y no te apures por las armas. Ojalá pudiera ocultarlo a la muerte horrÃsona cuando el terrible destino se le presente, como tendrá una hermosa armadura que admirarán cuantos la vean.
468 Asà habló; y, dejando a la diosa, encaminóse a los fuelles, los volvió hacia la llama y les mandó que trabajasen. Estos soplaban en veinte hornos, despidiendo un aire que avivaba el fuego y era de varias clases: unas veces fuerte, como lo necesita el que trabaja de prisa, y otras al contrario, según Hefesto lo deseaba y la obra lo requerÃa. El dios puso al fuego duro bronce, estaño, oro precioso y plata; colocó en el tajo el gran yunque, y cogió con una mano el pesado martillo y con la otra las tenazas.
478 Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenÃa el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artÃsticas figuras, con sabia inteligencia.
483 Allà puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allà las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las HÃades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.