La IlÃada
La IlÃada 74 —Te lo ruego abrazado a tus rodillas, Aquiles: respétame y apiádate de mÃ. Has de tenerme, oh alumno de Zeus, por un suplicante digno de consideración; pues comà en tu tienda el fruto de Deméter el dÃa en que me hiciste prisionero en el campo bien cultivado, y, llevándome lejos de mi padre y de mis amigos, me vendiste en Lemnos: cien bueyes te valió mi persona. Ahora te darÃa el triple por rescatarme. Doce dÃas ha que, habiendo padecido mucho, volvà a Ilio; y otra vez el hado funesto me pone en tus manos. Debo de ser odioso al padre Zeus, cuando nuevamente me entrega a ti. Para darme una vida corta, me parió Laótoe, hija del anciano Altes, que reina sobre los belicosos léleges y posee la excelsa Pédaso junto al Satnioente. A la hija de aquél la tuvo PrÃamo por esposa con otras muchas; de la misma nacimos dos varones y a entrambos nos habrás dado muerte. Ya hiciste sucumbir entre los infantes delanteros al deiforme Polidoro, hiriéndole con la aguda pica; y ahora la desgracia llegó para mÃ, pues no espero escapar de tus manos después que un dios me ha echado en ellas. Otra cosa te diré que fijarás en la memoria: No me mates; pues no soy del mismo vientre que Héctor, el que dio muerte a tu dulce y esforzado amigo.
97 Con tales palabras el preclaro hijo de PrÃamo suplicaba a Aquiles, pero fue amarga la respuesta que escuchó: