La Ilíada
La Ilíada 287 Toma, haz la libación al padre Zeus y suplícale que puedas volver del campamento de los enemigos a tu casa; ya que tu ánimo lo incita a ir a las naves contra mi deseo. Ruega, pues, al Cronión Ideo, el dios de las sombrías nubes que desde lo alto contempla a Troya entera, y pídele que haga aparecer a tu derecha su veloz mensajera, el ave que le es más querida y cuya fuerza es inmensa, para que, en viéndola con tus propios ojos, vayas, alentado por el agüero, a las naves de los dánaos, de rápidos corceles. Y si el largovidente Zeus no te enviase su mensajera, yo no te aconsejaría que fueras a las naves de los argivos por mucho que lo desees.
299 Respondióle Príamo, semejante a un dios:
300 —¡Oh mujer! No dejaré de hacer lo que me recomiendas. Bueno es levantar las manos a Zeus, para que de nosotros se apiade.
302 Dijo así el anciano, y mandó a la esclava despensera que le diese agua limpia a las manos. Presentóse la cautiva con una fuente y un jarro. Y Príamo, así que se hubo lavado, recibió la copa de manos de su esposa; oró, de pie, en medio del patio; libó el vino, alzando los ojos al cielo, y pronunció estas palabras: