La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Polifemo aulló con tal violencia que las paredes de la cueva temblaron, arrancándose la estaca cubierta de sangre y lanzándola lejos mientras los griegos corrían a esconderse. Los cíclopes vecinos, alertados por los rugidos en la noche, acudieron a la entrada preguntando si alguien le estaba robando o asesinando. Desde el interior, Polifemo bramó: "¡Amigos! ¡Nadie me mata con engaño!". Al escuchar esto, los gigantes concluyeron que se trataba de un castigo divino inevitable y se marcharon, sugiriéndole que rezara a su padre Poseidón. Odiseo rio en silencio, maravillado por cómo la falsedad de un simple nombre los había salvado.
Sin embargo, salir de la tumba de piedra aún requería ingenio, pues el gigante ciego se sentó en la entrada palpando el aire para atrapar a quien intentara huir. Odiseo ató a los inmensos carneros de espeso vellón en grupos de tres usando mimbres, colocando a uno de sus hombres escondido bajo el vientre del animal central. Él mismo eligió al líder del rebaño, un carnero majestuoso, aferrándose boca arriba a la lana de su abdomen. Al amanecer, el rebaño comenzó a salir al pasto. Polifemo, gimiendo de dolor, acariciaba los lomos de los carneros, incapaz de notar a los guerreros colgados debajo. Al tocar a la última bestia, el gigante le habló con amargura, preguntándole por qué el líder del rebaño, siempre el primero en salir, ahora rezagaba el paso, imaginando que sufría por el ojo perdido de su amo.