La Odisea - Versión Resumida
La Odisea - Versión Resumida Así terminé mi relato ante el rey Alcínoo y la reina Arete. El salón quedó sumido en un silencio reverencial. La promesa de retorno, tantas veces postergada, finalmente se cumpliría. Alcínoo, conmovido, ordenó traer cofres llenos de oro, bronce, ropas y calderos, superando con creces cualquier botín que hubiera podido traer de Troya. Durante el banquete de despedida, apenas probé bocado; mis ojos buscaban constantemente el sol, ansiando que se pusiera. Al caer la noche, me despedí de mis anfitriones, deseándoles prosperidad, y subí a la embarcación feacia.
Me acomodaron en la popa sobre suaves mantas. Apenas los remeros hundieron sus palas en el agua, un sueño profundo, dulce y oscuro como la muerte misma, se apoderó de mí. El barco feacio cortaba las olas con una velocidad sobrenatural, inalcanzable incluso para un halcón. Mientras yo dormía, olvidando por unas horas dos décadas de guerra y dolor, el barco llegó al puerto de Forcis, en Ítaca. Los marineros feacios me levantaron en brazos, aún sumido en mi sueño de plomo, me depositaron suavemente en la arena y apilaron mis tesoros lejos del camino antes de emprender su veloz regreso.