La Odisea
La Odisea 299 —¡Ay de mi, desdichado! ¿Qué es lo que, por fin, me va a suceder? Temo que salgan verÃdicas las predicciones de la diosa la cual me aseguraba que habÃa de pasar grandes trabajos en el ponto antes de volver a la patria tierra, pues ahora todo se está cumpliendo. ¡Con qué nubes ha cerrado Zeus el anchuroso cielo! Y ha conturbado el mar; y arrecian los torbellinos de toda clase de vientos. Ahora me espera, a buen seguro, una terrible muerte. ¡Oh, una y mil veces dichosos los dánaos que perecieron en la vasta Troya, luchando por complacer a los Atridas! ¡Asà hubiera yo muerto también, cumpliéndose mi destino, el dÃa en que multitud de teucros me arrojaban broncÃneas lanzas junto al cadáver del Pelión! Allà obtuviera honras fúnebres y los aqueos ensalzaran mi gloria: pero dispone el hado que yo sucumba con deplorable muerte.
313 Mientras esto decÃa, vino una grande ola que desde lo alto cayó horrendamente sobre Odiseo e hizo que la balsa zozobrara. Fue arrojado el héroe lejos de la balsa, sus manos dejaron el timón, llegó un horrible torbellino de mezclados vientos que rompió el mástil por la mitad, y la vela y la entena cayeron en el ponto a gran distancia.