La Odisea
La Odisea 175 Pero tú, oh reina, apiádate de mi, ya que eres la primera persona a quien me acerco después de soportar tantos males y me son desconocidos los hombres que viven en la ciudad y en esta comarca. Muéstrame la población y dame un trapo para atármelo alrededor del cuerpo, si al venir trajiste alguno para envolver la ropa. Y los dioses te concedan cuanto en tu corazón anheles: marido, familia y feliz concordia; pues no hay nada mejor ni mas útil que el que gobiernen su casa el marido y la mujer con ánimo concorde, lo cual produce gran pena a sus enemigos y alegrÃa a los que los quieren, y son ellos los que más aprecian sus ventajas.
186 Respondió NausÃcaa, la de los nÃveos brazos: —¡Forastero! Ya que no me pareces ni vil ni insensato, sabe que el mismo Zeus OlÃmpico distribuye la felicidad a los buenos y a los malos, y si te envió esas penas debes sufrirlas pacientemente; mas ahora, que has llegado a nuestra ciudad y a nuestra tierra, no carecerás de vestido ni de ninguna de las cosas que por decoro ha de alcanzar un mÃsero suplicante. Te mostraré la población y te diré el nombre de sus habitantes: los feacios poseen la ciudad y la comarca y yo soy la hija del magnánimo AlcÃnoo, cuyo es el imperio y el poder entre los feacios.