La Odisea
La Odisea 159 —¡AlcÃnoo! No es bueno ni decoroso para ti que el huésped esté sentado en tierra, sobre la ceniza del hogar; y éstos se hallan cohibidos, esperando que hables. Ea, pues, levántale, hazle sentar en una silla de clavazón de plata, y manda a los heraldos que mezclen vino para ofrecer libaciones a Zeus, que se huelga con el rayo, dios que acompaña a los venerandos suplicantes. Y tráigale de cenar la despensera, de aquellas viandas que allá dentro se guardan.
167 Cuando esto oyó la sacra potestad de AlcÃnoo, asiendo por la mano al prudente y sagaz Odiseo, alzóle de junto al fuego e hÃzolo sentar en una silla espléndida, mandando que se la cediese un hijo suyo, el valeroso Laodomante, que se sentaba a su lado y érale muy querido. Una esclava dióle aguamanos, que traÃa en magnÃfico jarro de oro y vertió en fuente de plata, y puso delante de Odiseo una pulimentada mesa. La veneranda despensera trájole pan y dejó en la mesa buen número de manjares, obsequiándole con los que tenÃa guardados.
177 El paciente divinal Odiseo comenzó a beber y a comer; y entonces el poderoso AlcÃnoo dijo al heraldo:
179 —¡Pontónoo! Mezcla vino en la cratera y distribúyelo a cuantos se encuentren en el palacio, a fin de que hagamos libaciones a Zeus, que se huelga con el rayo, dios que acompaña a los venerandos suplicantes.