La Odisea
La Odisea 48 —Este es, padre huésped, el palacio que me pediste te mostrara. Hallarás en él a los reyes alumnos de Zeus, celebrando un banquete; pero vete adentro y no se turbe tu ánimo, que el hombre, si es audaz, es más afortunado en lo que emprende, aunque haya venido de otra tierra. Entrado en la sala, hallarás primero a la reina, cuyo nombre es Arete, y procede de los mismos ascendientes que engendraron al rey AlcÃnoo. En un principio, engendraron a NausÃtoo el dios Poseidón, que sacude la tierra, y Peribea, la más hermosa de las mujeres, hija menor del magnánimo Eurimedonte, el cual habÃa reinado en otro tiempo sobre los orgullosos Gigantes. Pero éste perdió a su pueblo malvado y pereció él mismo; y Poseidón tuvo en aquélla un hijo, el magnánimo NausÃtoo, que luego imperó sobre los feacios. NausÃtoo engendró a Rexénor y a AlcÃnoo; mas, estando el primero recién casado y sin hijos varones, fue muerto por Apolo, el del arco de plata, y dejó en el palacio una sola hija, Arete, a quien AlcÃnoo tomó por consorte y se ve honrada por él como ninguna de las mujeres de la tierra que gobiernan una casa y viven sometidas a sus esposos. AsÃ, tan cordialmente, ha sido y es honrada de sus hijos, del mismo AlcÃnoo y de los ciudadanos que la contemplan como a una diosa y la saludan con cariñosas palabras cuando anda por la ciudad. No carece de buen entendimiento y dirime los litigios de aquellos, para los cuales siente benevolencia, aunque sean hombres. Si ella te fuere benévola, ten esperanza de ver a tus amigos y de llegar a tu casa de elevado techo y a tu patria tierra.