La Odisea
La Odisea 64 —¿Cómo aquÃ, Odiseo? ¿Qué funesto numen te persigue? Nosotros te enviamos con gran recaudo para que llegases a tu patria y a tu casa, o a cualquier sitio que te pluguiera.
67 Asà hablaron. Y yo, con el corazón afligido, les dije: —Mis imprudentes compañeros y un sueño pernicioso causáronme este daño; pero remediadlo vosotros, oh amigos, ya que podéis hacerlo.
70 Asà me expresé, halagándoles con suaves palabras. Todos enmudecieron y, por fin, el padre me respondió:
72 ¡Sal de la isla y muy pronto, malvado más que ninguno de los que hoy viven! No me es permitido tomar a mi cuidado y asegurarle la vuelta a varón que se ha hecho odioso a los bienaventurados dioses. Vete noramala; pues si viniste ahora es porque los inmortales te aborrecen.
76 Hablando de esta manera me despidió del palacio, a mÃ, que proferÃa hondos suspiros. Luego seguimos adelante, con el corazón angustiado. Y ya iba agotando el ánimo de los hombres aquel molesto remar, que a nuestra necesidad debÃamos; pues no se presentaba medio alguno de volver a la patria.