La Odisea
La Odisea 187 Pero, no bien se descubrió la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos, reunà en junta a mis amigos y les hablé de esta manera:
189 —OÃd mis palabras compañeros, aunque padezcáis tantos males. ¡Oh amigos! Puesto que ignoramos dónde está el poniente y el sitio en que aparece la aurora, por dónde Helios que alumbra a los mortales desciende debajo de la tierra y por dónde vuelve a salir; examinemos prestamente si nos será posible tomar alguna resolución, aunque yo no lo espero. Desde escarpada altura he contemplado esta isla, que es baja y a su alrededor forma una corona el ponto inmenso y con mis propios ojos he visto salir humo de en medio de ella, por entre los espesos encinares y la selva.
198 Asà dije. A todos se les quebraba el corazón acordándose de los hechos del legistrón AntÃfanes y de las violencias del feroz Ciclope, que se comÃan a los hombres, y se echaron a llorar ruidosamente, vertiendo abundantes lágrimas; aunque de nada les sirvió su llanto.