La Odisea
La Odisea 226 —¡Oh amigos! En el interior está cantando hermosamente alguna diosa o mujer que labra una gran tela, y hace resonar todo el pavimento. Llamémosla cuanto antes.
229 Asà les dijo; y ellos la llamaron a voces. Circe se alzó en seguida, abrió la magnÃfica puerta, los llamó y siguiéronla todos imprudentemente, a excepción EurÃloco, que se quedó fuera por temor a algún daño.
233 Cuando los tuvo adentro, los hizo sentar en sillas y sillones, confeccionó un potaje de queso, harina y miel fresca con vino de Pramnio, y echó en él drogas perniciosas para que los mÃos olvidaran por entero la tierra patria.
237 Dióselo, bebieron, y, de contado, los tocó con una varita y los enserró en pocilgas. Y tenÃan la cabeza, la voz, las cerdas y el cuerpo como los puercos, pero sus mientes quedaron tan enteras como antes. Asà fueron encerrados y todos lloraban; y Circe les echó, para comer, fabucos, bellotas y el fruto del cornejo, que es lo que comen los puercos, que se echan en la tierra.