La Odisea
La Odisea 412 Contestóle el prudente Telémaco: —¡Eurímaco! Ya se acabó la esperanza del regreso de mi padre: y no doy fe a las noticias, vengan de donde vinieren, ni me curo de las predicciones que haga un adivino a quien mi madre llame e interrogue en el palacio. Este huésped mío lo era ya de mi padre y viene de Tafos: se precia de ser Mentes, hijo del belicoso Anquíalo, y reina sobre los tafios, amantes de manejar los remos.