La Odisea
La Odisea 328 Y no pudiera decir ni nombrar todas las mujeres e hijas de héroes que vi después, porque antes llegará a su término la divinal noche. Mas ya es hora de dormir, sea yendo a la velera nave donde están los compañeros, sea permaneciendo aquÃ. Y cuidarán de acompañarme a mi patria los dioses, y también vosotros.
333 Asà se expresó. Enmudecieron los oyentes en el obscuro palacio, y quedaron silenciosos, arrobados por el placer de oÃrle. Pero Arete, la de los nÃveos brazos, empezó a hablarles diciendo:
336 —¡Feacios! ¿Qué os parece este hombre por su aspecto, estatura y sereno juicio? Es mi huésped, pero de semejante honra participáis todos. Por tanto, no apresuréis su partida; ni le escatiméis las dádivas, ya que se halla en la necesidad y abundan en vuestros palacios las riquezas, por la voluntad de los dioses.
342 Entonces el anciano héroe Equeo, que era el de más edad de los feacios, hablóles de esta suerte:
344 —¡Amigos! Nada nos ha dicho la sensata reina que no sea a propósito y conveniente. Obedecedla, pues, aunque AlcÃnoo es quien puede, con sus palabras y obras, dar el ejemplo.