La Odisea
La Odisea 21 Junto a ellos hallábanse constantemente cuatro perros, semejantes a fieras, que había criado el porquerizo, mayoral de los pastores. Este cortaba entonces un cuero de buey de color vivo y hacía unas sandalias, ajustándolas a sus pies; y de los otros pastores, tres se habían encaminado a diferentes lugares con las piaras de los cerdos y el cuarto había sido enviado a la ciudad por Eumeo para llevarles a los orgullosos pretendientes el obligado puerco que inmolarían para saciar con la carne su apetito.
29 De súbito los perros ladradores vieron a Odiseo y, ladrando, corrieron hacia él; más el héroe se sentó astutamente y dejó caer el garrote que llevaba en la mano. Entonces quizás hubiera padecido vergonzoso infortunio junto a sus propios establos; pero el porquerizo siguió en seguida y con ágil pie a los canes y, atravesando apresuradamente el umbral donde se le cayó de la mano aquel cuero, les dio voces, los echó a pedradas a cada uno por su lado, y habló al rey de esta manera: