La Odisea
La Odisea 174 Por este niño me lamento ahora sin cesar, por Telémaco, a quien engendró Odiseo; como las deidades le criaran a par de un pimpollo, pensé que más adelante no sería entre los hombres inferior a su padre, sino tan digno de admiración por su cuerpo y su gentileza; mas, habiéndole trastornado alguno de los inmortales o de los hombres el buen juicio de que disfrutaba, se ha ido a la divina Pilos en busca de noticias de su progenitor, y los ilustres pretendientes le preparan asechanzas para cuando torne, a fin de que desaparezca de Ítaca sin gloria alguna el linaje de Arcesio, semejante a los dioses. Pero dejémosle, ora sea capturado, ora logre escapar porque el Cronida extiende su brazo encima de él.
185 Ea, anciano, refiéreme tus cuitas, y dime la verdad de esto para que yo me entere: ¿Quién eres y de qué país procedes? ¿Dónde se halla tu ciudad y tus padres? ¿En qué embarcación llegaste? ¿Cómo los marineros te trajeron a Ítaca? ¿Quienes se precian de ser? Pues no me figuro que hayas venido andando.
191 Respondióle el ingenioso Odiseo:
192 —De todo esto voy a informarte circunstanciadamente. Si tuviéramos comida y dulce vino para mucho tiempo, y nos quedásemos a celebrar festines en esta cabaña mientras los demás fueran al trabajo, no me sería fácil referirte en todo el año cuantos pesares ha padecido mi alma por la voluntad de los dioses.