La Odisea
La Odisea 486 «¡Laertíada, del linaje de Zeus! ¡Odiseo, fecundo en ardides! Ya no me contarán en el número de los vivientes, porque el frío me rinde. No tengo manto. Engañóme algún dios, cuando partí con la sola túnica, y ahora no hallo medio alguno para escapar con vida».
490 Así me expresé. Pronto se le ofreció a su ánimo una treta, siendo como era tan señalado en aconsejar como en combatir; y, hablándome quedo, pronunció estas palabras:
493 «¡Calla! No sea que te oiga alguno de los aqueos»
494 Dijo; y, apoyándose en el codo, levantó la cabeza y comenzó a hablar de esta manera:
495 «¡Oídme, amigo! Un sueño divinal se me ofreció mientras dormía. Como estamos tan lejos de las naves vaya alguno a decirle al Atrida Agamenón, pastor de hombres, si nos enviará más guerreros de junto a las naves». Así dijo; y levantándose con presteza Toante, hijo de Andremón, tiró el purpúreo manto y se fue corriendo hacia las naves. Me envolví en su vestido, me acosté alegremente y en seguida aparecía la Aurora de áureo trono. Ojalá fuese tan joven y mis fuerzas se hallaran tan robustas como entonces, pues alguno de los porquerizos de esta cuadra me daría su manto por amistad y por respeto a un valiente; mas ahora me desprecian porque cubren mi cuerpo miserables vestidos.