La Odisea
La Odisea 108 —Yo te referiré, oh madre, la verdad. Fuimos a Pilos para ver a Néstor, pastor de hombres; el cual me recibió en su excelso palacio y me trató tan solÃcita y amorosamente como un padre al hijo que vuelve tras larga ausencia. ¡Con tal solicitud me acogieron él y sus gloriosos hijos!
114 Pero me aseguró que no habÃa oÃdo que ningún hombre de la tierra hablara del paciente Odiseo, vivo o muerto; y envióme al Atrida Menelao, famoso por su lanza, dándome corceles y un sólido carro. Vi allà a la argiva Helena, que fue causa, por la voluntad de los dioses, de que tantas fatigas padecieran argivos y teucros. No tardó en preguntarme Menelao, valiente en la pelea, qué necesidad me llevaba a la divina Lacedemonia; yo se lo relaté todo sinceramente, y entonces me respondió con estas palabras: