La Odisea
La Odisea 309 Replicóle el prudente Telémaco: —¡AntÃnoo! No es posible que yo permanezca callado entre vosotros, tan soberbios, y coma y me regocije tranquilamente. ¿Acaso no basta que los pretendientes me hayáis destruido muchas y excelentes cosas, mientras fui muchacho? Ahora que soy mayor y sé lo que ocurre, escuchando lo que los demás dicen, y crece en mi pecho el ánimo, intentaré enviaros las funestas Parcas, sea acudiendo a Pilos, sea aquà en esta población. Pasajero me iré (y no será infructuoso el viaje de que hablo), pues no tengo nave ni remadores; que sin duda os pareció más conveniente que asà fuera.
321 Dijo, y desasió fácilmente su mano de la de AntÃnoo. Los pretendientes, que andaban preparando el banquete dentro de la casa, se mofaban de Telémaco y le zaherÃan con palabras. Y uno de aquellos jóvenes soberbios habló de esta manera:
325 —Sin duda piensa Telémaco cómo darnos muerte: traerá valedores de la arenosa Pilos o de Esparta, ¡tan vehemente es su deseo!, o quizá intente ir a la fértil tierra de Efira para llevarse drogas mortÃferas y echarlas luego en la cratera, a fin de acabar con todos nosotros.