La Odisea
La Odisea 208 Así se derretían con el llanto las hermosas mejillas de Penelopea, que lloraba por su marido teniéndolo junto a sí. Odiseo, aunque interiormente compadecía a su mujer, que sollozaba, tuvo los ojos tan firmes dentro de los párpados cual si fueran de cuerno o de hierro, y logró con astucia que no se le rezumasen las lágrimas.
213 Y Penelopea, después que se hubo hartado de llorar y de gemir, tornó a hablarle con estas palabras:
215 —Ahora, oh huésped, pienso someterte a una prueba para saber si es verdad, como lo afirmas, que en tu palacio hospedaste a mi esposo con sus compañeros, iguales a los dioses. Dime que vestiduras llevaba su cuerpo y cómo eran el propio Odiseo y los compañeros que le seguían.
220 Respondióle el ingenioso Odiseo: