La Odisea
La Odisea 349 —¡Ama! Ea, ponme en ánforas dulce vino, el que sea más suave después del que guardas para aquel infeliz; esperando siempre que vuelva Odiseo, del linaje de Zeus por haberse librado de la muerte y de las Parcas. Llena doce ánforas y ciérralas con sus tapaderas. Aparta también veinte medidas de harina de trigo, y échalas en pellejos bien cosidos. Tú sola lo sepas. Esté todo aparejado y junto, pues vendré por ello al anochecer, asà que mi madre se vaya arriba a recogerse. Que quiero hacer un viaje a Esparta y a la arenosa Pilos, por si logro averiguar u oÃr algo del regreso de mi padre.
361 Asà habló. Echóse a llorar su ama Euriclea y, suspirando, dÃjole estas aladas palabras:
363 —¡Hijo amado! ¿Cómo te ha venido a las mentes tal propósito? ¿Adónde quieres ir por apartadas tierras, siendo unigénito y tan querido? Odiseo, del linaje de Zeus, murió lejos de la patria, en un pueblo ignoto. Asà que partas, estos maquinarán cosas inicuas para matarte con algún engaño y repartirse después todo lo tuyo. Quédate aquÃ, cerca de tus bienes; que nada te obliga a padecer infortunios yendo por el estéril ponto, ni a vagar de una parte a otra.
371 Contestóle el prudente Telémaco: —TranquilÃzate, ama; que esta resolución no se ha tomado sin que un dios lo quiera. Pero júrame que nada dirás a mi madre hasta que transcurran once o doce dÃas, o hasta que la aqueje el deseo de verme u oiga decir que he partido; para evitar que llore y dañe asà su hermoso cuerpo.