La Odisea
La Odisea 201 Contestóle el prudente Telémaco: —¡Néstor Nelida, gloria insigne de los aqueos! Aquél tomó no poca venganza y los aqueos difundirán su excelsa gloria, que llegará a conocimiento de los futuros hombres. ¡Hubiéranme concedido los dioses brÃos bastantes para castigar la penosa soberbia de los pretendientes, que me insultan maquinando inicuas acciones! Mas los dioses no nos otorgaron tamaña ventura ni a mi padre ni a mi, y ahora es preciso pasar por todo sufridamente.
210 Respondióle Néstor, el caballero gerenio: —¡Oh amigo! Ya que me recuerdas lo que has contado, afirman que son muchos los que, pretendiendo a tu madre, cometen a despecho tuyo acciones inicuas en el palacio. Dime si te sometes voluntariamente o te odia quizás la gente del pueblo, a causa de lo revelado por un dios. ¿Quién sabe si algún dÃa castigará esas demasÃas tu propio padre viniendo solo o juntamente con todos los aqueos? Ojalá Atenea la de ojos de lechuza, te quisiera como en otro tiempo se cuidaba del glorioso Odiseo en el paÃs troyano, donde los aqueos arrostramos tantos males —nunca oà que los dioses amasen tan manifiestamente a ninguno como manifiestamente le asistÃa Palas Atenea—, pues si de semejante modo la diosa te quisiera y se cuidara de ti en su corazón, alguno de los pretendientes tendrÃa que despedir de sà la esperanza de la boda.
225 Replicóle el prudente Telémaco: —¡Oh anciano! Ya no creo que tales cosas se cumplan.