La Odisea
La Odisea 32 —¡Oh Dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino. Asà ocurrió a Egisto que, oponiéndose a la voluntad del hado casó con la mujer legÃtima del Atrida, y mató a éste cuando tornaba a su patria, no obstante que supo la terrible muerte que padecerÃa luego. Nosotros mismos le habÃamos enviado a Hermes, el vigilante Argifontes, con el fin de advertirle que no matase a aquél ni pretendiera a su esposa; pues Orestes Atrida tenÃa que tomar venganza no bien llegara a la juventud y sintiese el deseo de volver a su tierra. Asà se lo declaró Hermes; mas no logró persuadirlo, con ser tan excelente el consejo, y ahora Egisto lo ha pagado todo junto.
