La Odisea
La Odisea 332 Y el rubio Menelao le contestó indignadÃsimo: —¡Oh, dioses! En verdad que pretenden dormir en la cama de un varón muy esforzado aquellos hombres tan cobardes. Asà como una cierva acostó sus hijuelos recién nacidos en la guarida de un bravo león y fuése a pacer por los bosques y los herbosos valles, y el león volvió a la madriguera y dio a entrambos cervatillos indigna muerte: de semejante modo también Odiseo les ha de dar a aquéllos vergonzosa muerte. Ojalá se mostrase, ¡oh padre Zeus, Atenea, Apolo!, tal como era cuando en la bien constituida Lesbos se levantó contra el Filomelida, en una disputa, y luchó con él, y lo derribó con Ãmpetu, de lo cual se alegraron todos los aqueos: si, mostrándose tal, se encontrara Odiseo con los pretendientes, fuera corta la vida de éstos y las bodas se les volverÃan muy amargas. Pero en lo que me preguntas y suplicas que te cuente, no querrÃa apartarme de la verdad ni engañarte; y de cuantas cosas me refirió el veraz anciano de los mares, no te calleré ni ocultaré ninguna.