Los Miserables - Parte 2
Los Miserables - Parte 2 ¡Montfermeil! Esta palabra, sonando de nuevo en los oídos de Javert, le llamó la atención. Otros mendigos dieron algunos nuevos pormenores. El rentista era un hombre muy huraño, no salía más que de noche, no hablaba a nadie más que a los pobres.
Llevaba un abrigo feo, viejo y amarillento que valía muchos millones, porque estaba forrado de billetes de banco.
Todo esto excitó la curiosidad de Javert; y con objeto de ver de cerca, y sin asustarlo, a este hombre extraordinario, se puso un día el traje del sacristán y ocupó su lugar. El sospechoso se acercó a Javert disfrazado, y le dio limosna; en ese momento, Javert levantó la vista, y la misma impresión que produjo en Jean Valjean la vista de Javert, recibió Javert al reconocer a Jean Valjean.
Sin embargo, la oscuridad había podido engañarle; su muerte era oficial. Le quedaban, pues, a Javert graves dudas, y en la duda Javert, hombre escrupuloso, no prendía a nadie. Siguió a su hombre hasta la casa Gorbeau, e hizo hablar a la portera, lo que no era difícil. Alquiló un cuarto y aquella misma noche se instaló en él. Fue a escuchar a la puerta del misterioso huésped, esperando oír el sonido de su voz, pero Jean Valjean vio su luz por la cerradura y chasqueó al espía, guardando silencio.