Los Miserables - Parte 2
Los Miserables - Parte 2 El jardinero hizo un saludo tímido, y se paró en el umbral de la celda. La priora, que estaba pasando las cuentas de un rosario, levantó la vista y le dijo:
- ¡Ah!, ¿sois vos, tío Fauvent?
Tal era la abreviación adoptada en el convento.
- Aquí estoy, reverenda madre.
- Tengo que hablaros.
- Y yo por mi parte -dijo Fauchelevent con una audacia que le asombraba a él mismo-, tengo también que decir alguna cosa a la muy reverenda madre.
La priora le miró.
- ¡Ah!, ¿tenéis que comunicarme algo?
- Una súplica.
- Pues bien, hablad.
El bueno de Fauchelevent tenía mucho aplomo. En los dos años y algo más que llevaba en el convento, se había granjeado el afecto de la comunidad. Viejo, cojo, casi ciego, probablemente un poco sordo, ¡qué cualidades! Difícilmente se le hubiera podido reemplazar.
