Los Miserables - Parte 2
Los Miserables - Parte 2 Cuando vio a Cosette, cuando la rescató, sintió que se estremecÃan sus entrañas. Todo lo que en ellas habÃa de apasionado y de afectuoso se despertó en él, y se depositó en esta niña. Junto a la cama donde ella dormÃa, temblaba de alegrÃa; sentÃa arranques de madre, y no sabÃa lo que eran; porque es una cosa muy obscura y muy dulce ese grande y extraño sentimiento de un corazón que se pone a amar. ¡Pobre corazón, viejo y tan nuevo al mismo tiempo! Sólo que como tenÃa cincuenta y cinco años y Cosette tenÃa ocho, todo el amor que hubiese podido tener en su vida se fundió en una especie de luminosidad inefable. Era el segundo ángel que aparecÃa en su vida. El obispo habÃa hecho levantarse en su horizonte el alba de la virtud; Cosette hacÃa amanecer en él el alba del amor. Los primeros dÃas pasaron en este deslumbramiento.
Cosette, por su parte, se transformaba también, aunque sin saberlo la pobrecita. Era tan pequeña cuando la dejó su madre, que ya no se acordaba de ella. Como todos los niños, habÃa intentado amar pero no lo habÃa conseguido. Todos la rechazaron; los Thenardier, sus hijas y otros niños. HabÃa querido al perro, y el perro habÃa muerto; después no la habÃa querido nadie ni nada. Cosa atroz de decir, a los ocho años tenÃa el corazón frÃo. No era culpa suya, puesto que no era la facultad de amar lo que le faltaba sino la posibilidad.