Los Miserables - Parte 2
Los Miserables - Parte 2 A eso de las doce de esa noche vagaba un hombre: era uno de ellos que acudía a saquear Waterloo. De vez en cuando se detenía, revolvía la tierra, y luego escapaba. Iba escudriñando aquella inmensa tumba. De pronto se detuvo. Debajo de un montón de cadáveres sobresalía una mano abierta alumbrada por la luna. En uno de sus dedos brillaba un anillo. El hombre se inclinó y lo sacó, pero la mano se cerró y volvió a abrirse. Un hombre honrado hubiera tenido miedo, pero éste se echó a reír.
- ¡Caramba! -dijo-. ¿Estará vivo este muerto?
Se inclinó de nuevo y arrastró el cuerpo de entre los cadáveres.
Era un oficial; tenía la cara destrozada por un sablazo, sus ojos estaban cerrados. Llevaba la cruz de plata de la Legión de Honor. El vagabundo la arrancó y la guardó en su capote. Buscó en los bolsillos del oficial, encontró un reloj y una bolsa. En eso estaba cuando el oficial abrió los ojos.
- Gracias -dijo con voz débil.
Los bruscos tirones del ladrón y el aire fresco de la noche lo sacaron de su letargo.
- ¿Quién ganó la batalla? -preguntó.
- Los ingleses.
- Registrad mis bolsillos. Hallaréis un reloj y una bolsa; tomadlos.
