Los Miserables - Parte 2
Los Miserables - Parte 2 Jean Valjean dijo después varias veces que, aunque había presenciado en su vida muchos espectáculos macabros, nunca había visto algo que le helara la sangre como aquella figura enigmática. Era horrible suponer que aquello estaba muerto; pero más horrible aún era pensar que estaba vivo. De repente se sintió sobrecogido de terror y echó a correr hacia el cobertizo sin atreverse a mirar atrás. Se le doblaban las rodillas; el sudor le corría por todo el cuerpo. ¿Dónde estaba? ¿Quién podía imaginar algo semejante a este sepulcro en medio de París? ¿Qué casa tan extraña era aquélla? Se acercó a Cosette; la niña dormía con la cabeza apoyada en una piedra. Jean Valjean se sentó a su lado y se puso a contemplarla; poco a poco, a medida que la miraba se iba calmando y recuperaba su presencia de ánimo. Sabía que en su vida, mientras ella viviera, mientras ella estuviera con él, no experimentaría ninguna necesidad ni ningún temor más que por ella.
Pero a través de su meditación oía hacía rato un extraño ruido que venía del jardín, como de una campanilla o un cencerro. Miró y vio que había alguien en el jardín.
Un hombre andaba por el melonar; se levantaba, se inclinaba, se detenía con regularidad, como si arrastrara o extendiera alguna cosa por el suelo.