Los Miserables - Parte 2
Los Miserables - Parte 2 - ¡Cien francos!
El hombre dio un salto y levantó la vista.
- ¡Cien francos si me dais asilo por esta noche!
La luna iluminaba su semblante desesperado.
- ¡Pero si es el señor Magdalena! -exclamó el hombre.
Este nombre pronunciado a aquella hora obscura, en aquel sitio solitario, por aquel hombre desconocido, hizo retroceder a Jean Valjean.
Todo lo esperaba menos eso. El que le hablaba era un viejo cojo y encorvado, vestido como un campesino; en la rodilla izquierda llevaba una rodillera de cuero de donde pendÃa un cencerro. No se distinguÃa su rostro porque estaba en la sombra.
El hombre se habÃa quitado la gorra y decÃa tembloroso:
- ¡Ah! ¡Dios mÃo! ¿Cómo estáis aquÃ, señor Magdalena? ¿Por dónde habéis entrado? ¡Jesús! ¿VenÃs del cielo? No serÃa extraño; si caéis alguna vez, será del cielo. Pero, ¿sin corbata, sin sombrero, sin levita? ¿Se han vuelto locos los ángeles? ¿Cómo habéis entrado aquÃ?
El hombre hablaba con una volubilidad en que no se descubrÃa inquietud alguna; hablaba con una mezcla de asombro y de ingenua bondad.