Los Miserables - Parte 3

Los Miserables - Parte 3

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Sin embargo, por más abandonado que estuviera este niño, cada dos o tres meses decía: ¡Voy a ver a mamá! Y entonces bajaba al muelle, cruzaba los puentes, entraba en el arrabal, pasaba la Salpétrière, y se paraba precisamente en el número 50-52 que el lector conoce ya, frente a la casa Gorbeau.

La casa número 50-52, habitualmente desierta, y eternamente adornada con el letrero: "Cuartos disponibles", estaba habitada ahora por gente que, como sucede siempre en París, no tenían ningún vínculo ni relación entre sí, salvo ser todos indigentes.

Había una inquilina principal, como se llamaba a sí misma la señora Burgon, que había reemplazado a la portera de la época de Jean Valjean, que había muerto.

Los más miserables entre los que vivían en la casa eran una familia de cuatro personas, padre, madre y dos hijas, ya bastante grandes; los cuatro vivían en la misma buhardilla. El padre al alquilar el cuarto dijo que se llamaba Jondrette. Algún tiempo después de la mudanza, que se había parecido, usando una expresión memorable de la portera, a "la entrada de la nada", este Jondrette dijo a la señora Burgon:

- Si viene alguien a preguntar por un polaco, o por un italiano, o tal vez por un español, ése soy yo.


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