Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 - ¡Rompe un vidrio! -repitió él-. ¿No me oyes? Te digo que rompas un vidrio.
La niña, con una especie de obediente pavor, se alzó sobre la punta de los pies y pegó un puñetazo en uno de los vidrios, el cual se rompió y cayó con estrépito.
- ¡Bien! -dijo el padre.
Su mirada recorría rápidamente los rincones del desván. Se diría que era un general haciendo los últimos preparativos en el momento en que va a comenzar la batalla.
Mientras tanto se oyeron sollozos en un rincón.
- ¿Qué es eso? -preguntó el padre.
La hija menor, sin salir de la sombra en que se había guarecido, enseñó su puño ensangrentado. Al romper el vidrio se había herido; había ido a colocarse cerca del camastro de su madre, y allí lloraba silenciosamente.
La madre se levantó y gritó:
- ¡No haces más que tonterías! Al romper ese vidrio la niña se ha cortado la mano.
- ¡Tanto mejor! -dijo el hombre-. Es lo que quería.
- ¿Cómo tanto mejor? -replicó la mujer.
- ¡Calma! -replicó el padre-. Suprimo la libertad de prensa.