Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 En él leyó la historia de la República y del Imperio, el Memorial de Santa Elena, todo lo devoró. La primera vez que encontró el nombre de su padre en los boletines del gran ejército, tuvo fiebre durante una semana. Visitó a todos los generales a cuyas órdenes había servido Jorge Pontmercy. El señor Mabeuf, a quien había vuelto a ver, le contó la vida en Vernon, el retiro del coronel, sus flores, su soledad. Marius llegó a conocer íntimamente a aquel hombre excepcional, sublime y amable, a aquella especie de león-cordero, que había sido su padre.
Mientras tanto, ocupado en este estudio que le consumía todo su tiempo y todos sus pensamientos, casi no veía al señor Gillenormand. Iba a casa sólo a las horas de comer.
Gillenormand se sonreía.
- ¡Bien! Está en la edad de los amores -murmuraba.
Un día añadió:
- ¡Demonios! Creía que esto era una distracción; pero voy viendo que es una pasión.
Era una pasión, en efecto. Marius comenzaba a adorar a su padre.