Los Miserables - Parte 3
Los Miserables - Parte 3 En los primeros días esperó que el bonapartista, el jacobino, el terrorista, el septembrista, volviera; pero pasaron las semanas, pasaron los meses, pasaron los años, y con gran desesperación del señor Gillenormand, el bebedor de sangre no volvió. Se preguntaba: Si volviera a pasar lo mismo, ¿volvería yo a obrar del mismo modo? Su orgullo respondía inmediatamente que sí; pero su encanecida cabeza, que sacudía en silencio, respondía tristemente que no. Le hacía falta Marius, y los viejos tienen tanta necesidad de afectos como de sol.
Mientras que el viejo padecía, Marius se aplaudía a sí mismo. Como a todos los buenos corazones, la desgracia lo había hecho perder la amargura. Sólo pensaba en el señor Gillenormand con dulzura; pero se había propuesto no recibir nada del hombre "que había sido malo con su padre". Por otra parte, estaba feliz de haber padecido, y de padecer aún, porque lo hacía por su padre. Pensaba que la única manera de acercarse a él y de parecérsele, era siendo muy valiente ante la pobreza como él lo fue ante el enemigo, y que a eso se refería su padre cuando escribió: "Estoy cierto que mi hijo será digno."