Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Además, había un hecho inexplicable que acababa de sorprenderle y que le tenía aún impresionado e inquieto. Esa mañana se había levantado temprano, y paseándose por el jardín antes que Cosette hubiese abierto su ventana, había descubierto estas palabras grabadas en la pared: "Calle de la Verrerie, 16".
La escritura era muy reciente, porque las letras estaban aún blancas en la antigua argamasa ennegrecida y porque una mata de ortigas que había al pie de la pared estaba cubierta de polvo de yeso.
Aquello había sido escrito probablemente por la noche.
Pero ¿qué era? ¿Unas señas? ¿Una señal para otros? ¿Un aviso para él? En todo caso era evidente que había sido violado el jardín, y que había penetrado en él algún desconocido.
En medio de estos pensamientos, cayó sobre sus rodillas un papel doblado en cuatro, como si una mano lo hubiera dejado caer por encima de su cabeza.
Cogió el papel, lo desdobló y leyó esta palabra escrita en gruesos caracteres con lápiz: "Mudaos".
Se levantó de inmediato, pero no había nadie a su alrededor. Miró por todas partes, y descubrió un ser más grande que un niño y más pequeño que un hombre, vestido con blusa gris y pantalón de pana de color polvo, que saltaba el parapeto y desaparecía.