Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 La bolsa de Jean Valjean no le sirvió al señor Mabeuf porque éste, en su venerable austeridad infantil, no aceptó el regalo de los astros; no admitió que una estrella pudiese convertirse en luises de oro, y tampoco pudo adivinar que lo que caía del cielo viniera de Gavroche.
Llevó la bolsa al comisario de policía del barrio, como objeto perdido, y siguió empobreciéndose cada día más.
Renunció a su jardín, y lo dejó sin cultivar; no encendía nunca lumbre en su cuarto y se acostaba con el día para no encender luz. Su armario con libros era lo único que conservaba, además de lo indispensable.
Un día la señora Plutarco dijo que no tenía con qué comprar comida. Llamaba comida a un pan y cuatro o cinco patatas.
- Fiado -dijo el señor Mabeuf.
- Ya sabéis que me lo niegan.
El señor Mabeuf abrió su biblioteca, miró largo rato todos sus libros, uno tras otro, como un padre obligado a diezmar a sus hijos los miraría antes de escoger; finalmente cogió uno, se lo puso debajo del brazo y salió. A las dos horas volvió sin nada debajo del brazo, puso treinta sueldos sobre la mesa y dijo:
- Traeréis algo para comer.
