Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Algunos días después, Marius había ido a pasearse un rato antes de ir a dejar la moneda para Thenardier. Era lo que hacía siempre. Apenas se levantaba, se sentaba delante de un libro y una hoja de papel para concluir alguna traducción; trataba de escribir y no podía y se levantaba de la silla, diciendo: "Voy a salir un rato, así me darán ganas de trabajar". Y se iba al Campo de la Alondra.
Esa mañana, en medio del arrobamiento con que iba pensando en Ella mientras paseaba, oyó una voz conocida que decía:
-¡Al fin, ahí está!
Levantó los ojos y reconoció a la hija mayor de Thenardier, Eponina. Llevaba los pies descalzos e iba vestida de harapos. Tenía la misma voz ronca, la misma mirada insolente. Además, oscurecía su rostro ese miedo que añade la prisión o la miseria.
Llevaba algunos restos de paja en los cabellos, no como Ofelia por haberse vuelto loca con el contagio de la locura de Hamlet, sino porque había dormido en algún pajar. Y a pesar de todo, estaba hermosa.
Se quedó algunos momentos en silencio.
