Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 Una tarde, el pequeño Gavroche no había comido y recordó que tampoco había cenado el día anterior, lo que era ya un poco cansador. Tomó, pues, la resolución de buscar algún medio de cenar. Se fue a dar vueltas más allá de la Salpétrière, por los sitios desiertos, donde suele encontrarse algo; y así llegó hasta unas casuchas que le parecieron ser el pueblecillo de Austerlitz.
En uno de sus anteriores paseos había visto allí un jardín cuidado por un anciano y donde crecía un buen manzano. Una manzana es una cena, una manzana es la vida. Lo que perdió a Adán podía salvar a Gavroche.
Se dirigió entonces hacia el jardín; reconoció el manzano, identificó la fruta, y examinó el seto; se aprestaba a saltarlo, pero se detuvo de repente. Escuchó voces en el jardín, y se puso a mirar por un hueco.
A dos pasos de él, al otro lado del seto, estaba sentado el viejo dueño del jardín, y delante de él había una anciana que refunfuñaba.
Gavroche, que era poco discreto, escuchó.
- ¡Señor Mabeuf! -decía la vieja.
- ¡Mabeuf -pensó Gavroche-; ese nombre es un chiste.
El viejo, sin levantar la vista, respondió:
