Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 Marius cruzó lentamente el salón, y, cuando estuvo frente a Jean Valjean, le tendió la mano; pero tuvo que coger él mismo esa mano que no se le daba. Le pareció que estrechaba en la suya una mano de mármol.
- Mi abuelo tiene amigos -dijo Marius- yo os conseguiré el perdón.
- Es inútil -respondió Jean Valjean-. Se me cree muerto, y basta. Los muertos no están sometidos a la vigilancia de la policía. Se les deja podrirse tranquilamente. La muerte equivale al perdón.
Y retirando su mano de la de Marius, añadió con una especie de dignidad inexorable:
- No necesito más que un perdón: el de mi conciencia.
En aquel momento la puerta se entreabrió poco a poco al extremo opuesto del salón, y apareció la cabeza de Cosette. Tenía los párpados hinchados aún por el sueño.
Miró primero a su esposo, luego a Jean Valjean, y les gritó riendo:
- ¡Apostaría a que habláis de política! ¡Qué necedad! ¡En vez de estar conmigo!
Jean Valjean se estremeció.
- Cosette… -tartamudeó Marius, y se detuvo.
Parecían dos criminales. Cosette, radiante de felicidad y de hermosura, seguía mirándolos.