Los Miserables - Parte 5
Los Miserables - Parte 5 Una tarde Jean Valjean, apoyándose con trabajo en el codo, se tomó la mano y no halló el pulso; su respiración era corta, y se interrumpía a cada momento; comprendió que estaba más débil que nunca. Entonces, sin duda bajo la presión de alguna gran preocupación, hizo un esfuerzo, se incorporó y se vistió.
Se puso el traje de obrero, pues ahora que no salía lo prefería a los otros. Tuvo que pararse repetidas veces y le costó mucho ponerse la ropa. Abrió la maleta, sacó el ajuar de Cosette y lo extendió sobre la cama. Los candelabros del obispo estaban en su sitio, en la chimenea. Sacó de un cajón dos velas de cera y las puso en ellos. Después, aunque no había oscurecido aún, las encendió.
Cada paso lo extenuaba, y se veía obligado a sentarse. Era la vida que se agotaba en esos abrumadores esfuerzos. Una de las sillas donde se dejó caer estaba colocada enfrente del espejo; se miró y no se conoció. Parecía tener ochenta años; antes del casamiento de Cosette sólo representaba cincuenta; en un año había envejecido treinta.
